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Austin Wierschke el más veloz en texting

Once competidores participaron utilizando el mismo tipo de teléfono, y en la competencia se puso a prueba tres habilidades: velocidad, precisión y destreza.

Un estadunidense de 17 años que dice tener “pulgares anormalmente veloces” refrendó su título como el más veloz de Estados Unidos para escribir mensajes de texto por el teléfono celular. “Se siente increíble”, dijo Austin Wierschke, originario de Rhinelander, Wisconsin, quien ganó después de ocho rondas en la sexta competencia anual de texteo realizada en la Plaza Times, en Nueva York. Recibió un premio de 50 mil dólares, los cuales dijo que guardará para la universidad.

Once competidores de todo el país participaron, todos utilizando el mismo tipo de teléfono, un LG Optimus Zip con teclado QWERTY. La competencia puso a prueba tres habilidades: velocidad, precisión y destreza.

La competencia puso a prueba tres habilidades —velocidad, precisión y destreza— en cuatro desafíos: “¿sabes hablar con texto?”, en el que los concursantes tuvieron que escribir los mensajes con abreviaciones; escribir mensajes con los ojos vendados; “bombardeo de texto”, en el que les mostraban frases a los participantes por un determinado periodo y ellos lo copiaban tan rápido como podían; y textear palabras que se les mostraban en desorden y ellos tenían que deducir qué palabra era.

La competencia anual es patrocinada por el fabricante de teléfonos celulares LG Electronics.

Para “entrenar”, el campeón dijo que enviaba casi 500 mensajes de texto todos los días a sus amigos.

El finalista Kent Augustine, de 16 años y de Queens, dijo que estaba “un poco decepcionado”, pero no se fue con las manos vacías ya que ganó 10 mil dólares. Indicó que volverá a competir el año entrante.

Kelly Barracato, otra concursante, no se sorprendió de que Wierschke ganara. Dijo que se dio cuenta durante la conferencia de prensa de que “sus dedos volaban”.

Anan Arias, de 17 años, acudió a ver la prueba. Ella envía más de 100 mensajes cada día “textear es parte de la nueva generación”, dijo.

A Anita Levine, de 16, le encanta enviar mensajes de texto, pero su padre no se lo permite. “Mi papá dice que no tiene sentido”.

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About Berlín A González

Me considero un gran fan de la Tecnología, por eso mismo hago lo que mas me gusta., navegar, trabajar y disfrutar de la nueva era 3.0 | ¡Me gustaría poder cambiar el mundo, pero... lamentablemente, no me dieron el codigo fuente!

One comment

  1. En resumidas cuentas, no es tan desesperanzador si lo comparamos con el tiempo que, aun después de su desaparición física, nos restaría vivir bajo la sombra de lo que ya es peor que Fidel Castro: el fidelismo.

    Por más que nos revuelva, hay que reconocerlo. La idiosincrasia del cubano de estos días (viva dentro o fuera de la Isla), unida a otros giros de nuestra identidad, no lograron mantenerse impermeables ante el arrollador legado fidelista.

    Es una tragedia que nos hipoteca el presente y nos entenebrece el futuro. Tanto más cuanto menos resueltos nos mostremos frente el imperativo de encararla.

    Desde luego que el legado excede las fronteras de la política, donde nos ha marcado con laceraciones que de momento parecen incurables. Pero mucho más graves, por lo que supuran, son las de carácter epistemológico, aquellas que se relacionan con la manera de percibir la realidad, y, claro, con la forma en que actuamos partiendo de esa percepción errónea y por lo general retorcida.

    El enfado, o pesar, o rencor como reacciones ante el bien del prójimo, muy particularmente cuando éste no comparte nuestros estilos de pensamiento y de vida. La incapacidad, unida a la total falta de condescendencia para valorar las razones del otro. El recurso de asumir la competencia no mediante el análisis y la superación de los defectos propios, sino intentando desacreditar al competidor, sin reparar en miserias ni falsedades. La acción abusiva ante el más débil, en proporción con la taimada y ladina actitud de víctima ante el fuerte.

    He aquí algunas, sólo muy pocas de las gemas que adornan la relación entre cubanos en este minuto, más y menos extendidas, más y menos visibles, de acuerdo con los estratos y los sitios en que actuamos, pero siempre identificables entre los rasgos de reciente incorporación a nuestro comportamiento.

    Son los patógenos del fidelismo. Los más, fruto de la influencia directa del líder, o del sistema que él alimentó y aún excreta, según su absoluta imagen y semejanza. Los menos, resultado de la influencia por vía indirecta, o sea, anticuerpos que desarrollamos para sobrevivir a merced, o a pesar, de Fidel Castro.

    La procacidad como supuesta manera de hablar claro. La ofensa a ultranza, en tanto alarde de falsa valentía, sobre todo, cuando se está amparado por algún poder o por la distancia. El talante de fullero, jactancioso, arribista, postalita, trepador, soberbio y déspota, como patrones de conducta para conquistar el éxito.

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